lasciate ogni speranza voi che intrate

Pus no lo se, todos tienen blog menos yo, y la verdad nunca me ha gustado ser parte de las minorias.

domingo, septiembre 17, 2006

The Juanacatlán a Chapultepec, el viaje más largo de mi vida.

Hace unos días me pasó algo terrible entre dos estaciones de metro. A continuación les relataré lo ocurrido.

Ese día tuve que ir a ver a un pariente él cual me va a ayudar con mi servicio social de la UNAM ahora que me acuerdo tengo que ir a verlo otra vez, llegue a sus oficinas en Constituyentes, nos vimos y quedamos de vernos otro día por que estaba ocupado.

El caso es que todo iba muy bien, me regrese caminando por la calle llamada gral. León, para llegar a la estación de metro Juanacatlán, en eso que me da un retorcijón de tripas y que siento que me cagaba, cosa muy horrible y que ya me había pasado antes, lo terrible aquí fue que llego sin previo aviso, de haberme dado unos minutos antes hubiera pasado a los baños de la oficina de mi pariente. En eso que pienso que hago que hago, deje de pensarlo puesto que “que hago que hago”, rima con “me cago me cago”, la cosa era regresar a la oficina, pero se encuentra bastante retirada ya de donde yo estaba en esos momentos, además ya no me hubieran dejado pasar, otra era buscar un sangrons cerca, y nada. Un restaurantcito había muchos, pero en todos tenía comprar algo y no llevaba lana, incluso intente recordar el baño (si a ese lugar infernal se le puede llamar baño) de San Cristóbal de las casas, pero ni aún así menguaban las ganas. Como nada funcionaba intente emular el logro hecho por mi carnala y lanzarme desde ahí hasta mi casa o de plano en el sanborns en taxqueña. Entre al metro, y me subí al comboy, y fue ahí donde todo valió madres. Me estaba cagando, ya se me estaba saliendo, ya estaba asomando la cabeza, etc etc. En eso que empieza a avanzar el metro y yo dije a la verga me bajo en la estación que sigue. El metro Juanacatlán se encuentra en la línea 1 del sistema metropolitano de transporte, el ramal va de pantitlan a observatorio, yendo de Observatorio a Pantitlan, la estación que sigue es chapultepec(donde está el bosque), son 1.3 kilómetros de distancia, dos minutos de viaje máximo. Ese día para mi mala fortuna sucedió algo que es muy frecuente que pase en este metro, se subió un vendedor con un disco de Regueton que no apagaba para nada, lo cual hizo que mi necesidad fuera aun peor y yo decía apurate, apurate. Después de eso me di cuenta que Dios me odia. El metro de la Ciudad de México, es considerado el sistema de tren subterráneo más eficiente del mundo, más de un millón de personas hacen uso diario de este, hasta ahora existen 11 líneas, que atraviesan la ciudad de norte a sur, y de este a oeste. Pero como nada es perfecto en la vida, existen los problemas más frecuentes. A veces las líneas se saturan y los comboys se tienen que detener para evitar un choque con los de enfrente. Ese día fue lo que pasó, para mi desgracia, se detuvo entre estaciones, y la cosa podría pasar en segundos o incluso prolongarse hasta horas (luego sucede que hay cabrones que se avientan a las vías). Lo primero que intente fue conservar la calma, luego no correr, no gritar, y sobre todas las cosas no pujar, luego recordé mis cursos de equilibrio espiritual, es decir cuando estoy hasta la madre de alcohol en las venas y todo lo que gira a mi alrededor se detiene, pero ese día no estaba borracho, así que no funcionaba. Pasaban los minutos, y ya me estaba resignando a dejarlo salir, en eso que Dios pensó “ya me divertí mucho con este cabron, mejor me voy a joder musulmanes con el papa” y que el metro comienza a avanzar de nuevo. Fueron 9 minutos los que se detuvo, y solo se encontraba a unos doce segundos de la otra estación. En fin llegamos a Chapultepec, y me baje, no corrí, por que si corría todo mi esfuerzo valdría madres en cosas de segundos, lo peor vino en seguida, como no recordaba cual puerta daba al bosque y cual al paradero, me la rife en un albur, y me salí en seguida, para mi fortuna salí directo a las puertas bosque, y vi una fuente de sodas que decía sanitarios, apreté el paso, me di la vuelta para entrar a los baños, y madres, ¡estaban cerrados!, el de intendencia me vio y me dijo hay otros más adelante que si están abiertos, como a unos cien metros. Le di las gracias, y camine, pensé ya no aguanto más, pero tuve que apretarlo, lo logre. Llegue a la otra pequeña fuente de sodas le di la vuelta para entrar al baño, y por fortuna estaban abiertos. Cobraban cuatro pesos, y los pague, ahí fue donde me prepare para descender al infierno de nuevo, la cosa para mi alegría era muy diferente, los baños estaban limpios, no al nivel de un sangrons o de cualquier otro restaurante, pero podían ser usados, pero eso no era el problema, sino que como ya estaba desesperado agarre el papel a lo loco y lo apreté tanto a tal grado de arrugarlo cosa que lo hizo imposible de utilizarlo. Entre al baño y paz, en cosa de segundos ya todo había terminado, ahora el problema era el papel, estaba hecho una bola de arrugas y además era muy poco, no me quedo otra más que utilizar la sección de sociales del periódico que compre en la mañana. Así como ésta historia y la de Chiapas tengo otras, todas verdaderas y todas sobre mi incontinente colon, ahí uds si quieren que se las cuente.