La película de la semana
Trainspotting. La vida post Gen X.
Año de aparición 1995,
Dirigida por Danny Boyle, el guión es de John Hodge sobre la novela de Irvine Welsh, Actuan Ewan McGregor, Ewen Bremner, Jonny Lee Miller, Kevin McKidd, Robert Carlyle y Kelly MacDonald
Cuando era un pinche adolescente baboso y medio pendejo (aun más) pues mi vida giraba alrededor de la telenovela de las nueve que argos producía (llámese “nada personal” o “mirada de mujer”, no las de televisa, ya que siempre he sido medio izquierdoso), de la música de protesta latinoamericana (cosas tan pedestres como Silvio Rodríguez) y de la novelas de Gabriel García Márquez. A esto agréguenle que asistí a una preparatoria privada de formación católica.
De esa forma mi vida diaria era ir a la escuela juntarme con mis pseudo amigos de los cuales sólo me burlaba y ellos a la vez se burlaban de mí, regresar a mi casa leer a García Márquez (a éste señor no le quito su merito artístico, pero por favor hay un millón de escritores mejores que él) escuchando los temas que los nicaragüeños cantaban durante la irrupción contra, y ver que onda con Maria Inés y su Alejandro Salas.
Mis primeros intentos por escapar de esa realidad tan deprimente, fueron traídos por mi intentona de escuchar rock alternativo, leer novelas de la generación beat y la mirada (no la de mujer) del cine que algunos llaman de arte. Así pues me hice súper fan de Radiohead, Nine Inch Nails, Pearl Jam, R. E. M., Blur, y otras tantas más. Me chute “Desayuno al desnudo” de Burroughs, y un libro de poemas de Ginsberg. Y me fascine con películas como Apocalypse Now, Naranja Mecánica, El Padrino y otras tantas que no tiene sentido nombrar.
Sin embargo, una película que me marcó de por vida, es Trainspotting.
Trainspotting nos narra el cotidiano de un grupo de amigos que viven en la apocalíptica ciudad de Edimburgo en Escocia. Ellos tienen en común el gusto por la música de rock, por el futbol, por las películas de James Bond con Sean Connery, y sobre todas las cosas, su gusto generalizado por la heroína. Y es en éste ambiente donde conocemos a Mark Renton, el héroe que la postmodernidad pedía a gritos, el cual se sobrepone a lo efímero de sus aficiones y decide escoger una vida.De inmediato me identifique con las aventuras de Mark Renton y éstos drogos, probablemente porque en mi vida pasaba una situación similar a la de ellos.
Cuando uno es joven, tus aficiones, tus amistades, y tu vida, son efímeras. Puedes un día identificarte con la música de Silvio Rodríguez, y pensar que los gringos son los enemigos intrínsecos de la humanidad, y que el subcomandante Marcos es la neta, al día siguiente te fascinara el reaggeton y su cadencia de sentido rítmico, o la potencia de los acordes de jeremy de Pearl Jam, o en su caso volverte un adicto a la heroína hasta el grado de destruirte a ti mismo, antes de entender el porque de ésta necesidad.
La falta de un ideal el cual seguir o por el cual luchar, hace que cualquier cosa lo sea todo. Que la juventud del mundo sea la misma, sin importar si vives en Edimburgo o en Guadalajara. Te gustará la misma música o leerás lo mismo que un japonés de Tokio. Consumirás la misma mierda que venden hoy en día en Beruit, y te sentirás parte de un todo, aunque este todo sea ni madres.
De eso trata Trainspotting, de que nuestro ideólogo máximo es Scooby Doo y de que la denominada “generación X” aun existe, y sigue siendo la realidad cotidiana de los millones de jóvenes que habitamos ésta mierda de planeta, y no saldremos de ésta hasta que seamos miembros productivos de nuestra sociedad, escogiendo vida, aunque en el fondo sea la misma porquería que la gen X.
En fin, cuando estaba saliendo de la pinche adolescencia babosa y media pendeja (aun más), y aun hoy en día mi vida gira en torno a ver una película por semana, escuchar nuevas bandas de rock alternativo, y leer lo mejor de la literatura contemporánea. Pero nunca me olvido de ver, por lo menos dos veces por año Trainspotting, todavía me falta mucho para escoger una vida.


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