lasciate ogni speranza voi che intrate

Pus no lo se, todos tienen blog menos yo, y la verdad nunca me ha gustado ser parte de las minorias.

miércoles, junio 28, 2006

Historias fantásticas, pero reales, sobre cosas que me han pasado, y personas que conozco.

Y tu mamá también.

Siempre he sido una persona bastante fregativa con mis compañeros de escuela. Desde albures, hasta la clásica de bajar los pantalones cuando habla con unas chacvas o meterle un puntapié laxante a un compa, mientras éste besaba a su novia, nadie se la acaba conmigo. Las humillaciones en público son lo mejor. Por ejemplo, en una clase de anatomía, mientras la maestra hablaba de chancros, yo grite en el salón: “Mascarua, ya se cual es tu enfermedad por fin” y es que el pobre Mascarua tenia unas manchas solares en la cara, bien feas las cosas esas.

Ahora el punto máximo es meterse con las progenitoras de tus compas: En otra ocasión en clase de Ética, cuando el maestro le preguntaba a mi amigo lencho su escala de quien le importaba, este decía:”primero Dios, luego mi mamá”, y el maestro dio bola cuando le preguntó “¿Y bajo de tú mamá?”, fue cuando grite en el salón: “Pues sus amigos entran arriba o abajo”. Todos se rieron, menos el pobre lencho y el maestro que no entendió lo que dije.

Nadie me la aplicaba, siempre salía ganando, ni echándome bola podían conmigo: “bueno mientras ustedes remueven atole en mi jefecita, yo juego a los piratas con la madre de Lencho, a los muppets con la de Torillo, y me contagio de sífilis con la madre de Mascarua”.

La cosa no cambió después de que entre a la Facultad, seguía siendo igual de irreverente, hasta cierto día en que alguien me la aplicó. Entre todos los conocidos que tengo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, un compa llamado David, al que apodan el Bonito o boni(sarcasmo puro porque el wey está bien feo), con el también me llevaba con eso de las jefas mutuas, y cada día era esperar a ver quien soltaba la primera piedra.

Cierto día que íbamos la bola de compas camino al metro C. U., necesitaba comprar unos libros, no recuerdo sobre que eran, y se me ocurrió decirle al boni: “amigo, acompáñame al fondo”. Por supuesto yo me refería a la librería del Fondo de Cultura Económica, que se encuentra en Miguel Ángel de Quevedo. Sin darme cuenta le di la bola para acabarme, humillarme y despedazarme. El boni contesto: “Al fondo de tu mamá”. Todos rieron y a mí no me quedo otra que reírme también.